lunes, 27 de junio de 2016

Makaveli

Día 5: ansiedad.

Escribo
por no suplicarte de rodillas
a cada instante
que regreses,
utilizando la poesía
como un parche de nicotina
que detiene
por un ratito
la taquicardia.

Esta casa que ya no es mía
tiene memoria y espinas
y más que casa es ya coche,
y más que cielo son curvas
y la persona que va dentro
(que tampoco tengo claro
si soy
o no soy yo)
tiene más de Amy que de Rouco,
y mira a través de la ventana
(del parabrisas)
con ira,
sin miedo.
La dirección no la conozco
ni me importa demasiado
si no te tengo al lado
acariciando mi brazo
a cada cambio de marchas,
quejándote tan divertida
de la música que te pongo,
así que lo mejor será
soltar el volante,
vendarme los ojos
y disfrutar
secretamente
de la estampada.

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