Cuéntame otra vez aquel cuento,
cántame la última nana,
háblame de ti como si no fuéramos a volver a vernos,
los ojos aún me saben a tu recuerdo.
Mis uñas
lucharon contra las paredes del fin del mundo
y las niñas
esnifan Marlboro y
mendigan por sueños y
kafkianamente ratas.
Vuelve,
te echan en falta los bares, los bancos,
las flores de menta.
Vuelve para fumarnos la tristeza.
Aunque sea sólo
para retratar y repetir y rediseñar nuestro último abrazo.
Vuelve, no seas mala.
Vuelve, vuelve.
Y las niñas esnifan los sueños de las ratas,
y yo dibujándote psicóticamente en la esquina del anden,
con ansiedad hasta en las uñas
porque no sirva de nada suplicarte:
Vuelve, vuelve...
sábado, 8 de agosto de 2009
lunes, 1 de junio de 2009
A los que te Aman.
Han llenado de rosas
el último puente que cruzaste,
han llorado por ti,
han rogado a Dios tu vuelta.
Acabo de salir de tu casa, estuve
tomando café con tu familia.
Vas a tener que perdonarme,
te robé tu (mi) corbata preferida.
Tu padre anda liado
cambiando el color
de las paredes de la terraza.
Se le caían las lágrimas mientras me enseñaba
tus últimos dibujos
pero dijo que era por culpa de la pintura.
Muy bonito tu cuarto, por cierto.
Ha pasado ya un tiempo
de aquel diez y nueve de mayo.
Ya no lloran tu muerte,
olvidaron a Dios,
y no volvieron a dejarte rosas.
No te pongas triste, mi niña,
no iban a durar mucho con este horrible
sol de Junio.
A mi me dejaste
el papel de testigo pasivo
del lento amarillear de tu carta de despedida,
el recuerdo de tu última sonrisa
y mi (tu) corbata preferida.
Eso nunca marchita.
el último puente que cruzaste,
han llorado por ti,
han rogado a Dios tu vuelta.
Acabo de salir de tu casa, estuve
tomando café con tu familia.
Vas a tener que perdonarme,
te robé tu (mi) corbata preferida.
Tu padre anda liado
cambiando el color
de las paredes de la terraza.
Se le caían las lágrimas mientras me enseñaba
tus últimos dibujos
pero dijo que era por culpa de la pintura.
Muy bonito tu cuarto, por cierto.
Ha pasado ya un tiempo
de aquel diez y nueve de mayo.
Ya no lloran tu muerte,
olvidaron a Dios,
y no volvieron a dejarte rosas.
No te pongas triste, mi niña,
no iban a durar mucho con este horrible
sol de Junio.
A mi me dejaste
el papel de testigo pasivo
del lento amarillear de tu carta de despedida,
el recuerdo de tu última sonrisa
y mi (tu) corbata preferida.
Eso nunca marchita.
domingo, 10 de mayo de 2009
Trampas.
Cuando la vida me sea justa
te escribiré mi último poema en un pañuelo de estación.
Por ahora muero en tu garganta
y resucito
cada vez que me nombras en braille
con tu sonrisa náufraga en las playas de mis ojos,
y me aferro como un lobo
al café de media tarde, al cine de los domingos,
¿adivinas?
para no morir de nuevo.
Te escribiré mi último poema en un pañuelo de estación
cuando la vida
deje de ponerme trampas para ratones
con cheddar podrido
y muelles oxidados.
Te escribiré mi mejor libro, te dibujaré de versos.
Por ahora me voy corriendo,
creo que pierdo el metro.
te escribiré mi último poema en un pañuelo de estación.
Por ahora muero en tu garganta
y resucito
cada vez que me nombras en braille
con tu sonrisa náufraga en las playas de mis ojos,
y me aferro como un lobo
al café de media tarde, al cine de los domingos,
¿adivinas?
para no morir de nuevo.
Te escribiré mi último poema en un pañuelo de estación
cuando la vida
deje de ponerme trampas para ratones
con cheddar podrido
y muelles oxidados.
Te escribiré mi mejor libro, te dibujaré de versos.
Por ahora me voy corriendo,
creo que pierdo el metro.
lunes, 13 de abril de 2009
En la Panadería.
Hace tiempo que quería escribir sobre ti.
Lo recordé hoy
cuando te vi en la panadería, comprando
ésas caracolas de crema que tanto te gustan.
Quería hacerlo casi sin querer
para no maquillar medias verdades
ni omitir medias mentiras.
Inventarte en dos dimensiones.
Así, las dos oes de ojos
formarán los tuyos
y las lineas serán manos
y tocarán tu nariz
y tus labios
y tu axila
y tu alma.
Y derretiré la última letra,
la extenderé con su luz en tu entorno
para desdibujarte
y aprender a desconocerte.
Casi sin querer; ya ves,
hablar de ti es hablar de nada.
A lo mejor ya te comiste todas las caracolas.
Lo recordé hoy
cuando te vi en la panadería, comprando
ésas caracolas de crema que tanto te gustan.
Quería hacerlo casi sin querer
para no maquillar medias verdades
ni omitir medias mentiras.
Inventarte en dos dimensiones.
Así, las dos oes de ojos
formarán los tuyos
y las lineas serán manos
y tocarán tu nariz
y tus labios
y tu axila
y tu alma.
Y derretiré la última letra,
la extenderé con su luz en tu entorno
para desdibujarte
y aprender a desconocerte.
Casi sin querer; ya ves,
hablar de ti es hablar de nada.
A lo mejor ya te comiste todas las caracolas.
lunes, 23 de marzo de 2009
Tristeza.
Siempre parece cansada.
Guarda
una colina en la pupila,
una amnesia por obligación
y lluvia
bajo la almohada.
Dicen que cree en el destino,
que su corazón se llama
tristeza,
que en la goma de los calcetines
esconde una sonrisa de repuesto.
Pisa la calle
despacio,
arrastrando las suelas,
las palabras,
los sueños.
Me contaron que un día, jugando a ser feliz,
le crecieron puñales en los dedos y se arrancó los ojos.
Guarda
una colina en la pupila,
una amnesia por obligación
y lluvia
bajo la almohada.
Dicen que cree en el destino,
que su corazón se llama
tristeza,
que en la goma de los calcetines
esconde una sonrisa de repuesto.
Pisa la calle
despacio,
arrastrando las suelas,
las palabras,
los sueños.
Me contaron que un día, jugando a ser feliz,
le crecieron puñales en los dedos y se arrancó los ojos.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Autólisis.
Quiero creer que todo empezó
en el paritorio del hospital de Orcasitas
en 1988.
Mi orgullo aquiescente,
mi absurda búsqueda de la felicidad
de parque en parque
a esa hora en la que tu ya cerraste los ojos.
Todas las verdades que no pude mentir,
todos los jirones de piel que se me quedaron
entre las uñas.
Las penas que calmo con lágrimas de whisky,
las lunas
que no supe regalarte.
Mis caricias de hierro,
las avenidas que me amanecieron
pisando los charcos del delirio.
Quiero creer en el destino
para evitar pensar
que me estoy suicidando
paulatinamente.
en el paritorio del hospital de Orcasitas
en 1988.
Mi orgullo aquiescente,
mi absurda búsqueda de la felicidad
de parque en parque
a esa hora en la que tu ya cerraste los ojos.
Todas las verdades que no pude mentir,
todos los jirones de piel que se me quedaron
entre las uñas.
Las penas que calmo con lágrimas de whisky,
las lunas
que no supe regalarte.
Mis caricias de hierro,
las avenidas que me amanecieron
pisando los charcos del delirio.
Quiero creer en el destino
para evitar pensar
que me estoy suicidando
paulatinamente.
La Despedida.
La despedida es una duda vestida de luto,
un hotel sin huéspedes,
un olor sin compañía.
La despedida es el burdel de tus días.
Es casi medianoche
y los solitarios
ocupan los bancos para esnifarse sus lágrimas.
Y los pájaros se confunden de esquizofrenia,
y las farolas abrazan al morbo.
La despedida,
ésa buena puta.
un hotel sin huéspedes,
un olor sin compañía.
La despedida es el burdel de tus días.
Es casi medianoche
y los solitarios
ocupan los bancos para esnifarse sus lágrimas.
Y los pájaros se confunden de esquizofrenia,
y las farolas abrazan al morbo.
La despedida,
ésa buena puta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)