En mi habitación de hotel no existe el tiempo.
Cojo el móvil y te llamo
y al otro lado no está tu voz
sino mi memoria
y mi psique
rota por tu tacón de aguja,
ecolálicamente te digo "te quiero"
y desde ese otro lado
a mil años de distancia
tu voz (mi memoria y mi psique)
me muerde (n),
y mi mejor defensa se convierte
en mi peor ataque,
y ataco las defensas (las propias),
y con las pestañas remando en góndola
cuelgo el móvil (y a tu voz
y a mi memoria y a mi psique)
y ahora
boli en mano
escribo
desde el último rincón de mi arrogancia
para gritar,
en silencio gritar "estoy vivo",
aunque a mi alrededor
todo
se disfrace de muerte.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
sábado, 4 de septiembre de 2010
El Azul de tus Pupilas.
Nadie me prometió
uno solo de tus besos
y sin embargo
aquí me ves,
puerilmente susurrándote al oído
uno más,
sólo uno más,
sálvame
del águila con garras de carbón,
permíteme seguir buscando
entre tu pelo
mi superyó.
Quizá las mariposas no tarden en morir,
me dices,
mientras me derrites azul con tus pupilas.
Quizá, princesa.
Escucho entrecortada tu respiración
que me impera a desdibujarte,
a aprender a desconocerte,
y ahí están,
las mariposas
más vivas que nunca o agonizantes
pero ahí están,
y mientras aumenta mi taquicardia
me comentas que no existen
te quieros ciertos
para aquel que sabe bien
que nada es eterno.
Está bien,
por ésta vez tu ganas,
pero, por favor,
sólo uno más.
uno solo de tus besos
y sin embargo
aquí me ves,
puerilmente susurrándote al oído
uno más,
sólo uno más,
sálvame
del águila con garras de carbón,
permíteme seguir buscando
entre tu pelo
mi superyó.
Quizá las mariposas no tarden en morir,
me dices,
mientras me derrites azul con tus pupilas.
Quizá, princesa.
Escucho entrecortada tu respiración
que me impera a desdibujarte,
a aprender a desconocerte,
y ahí están,
las mariposas
más vivas que nunca o agonizantes
pero ahí están,
y mientras aumenta mi taquicardia
me comentas que no existen
te quieros ciertos
para aquel que sabe bien
que nada es eterno.
Está bien,
por ésta vez tu ganas,
pero, por favor,
sólo uno más.
viernes, 30 de julio de 2010
A mi Abuelo
Mi abuelo me dejó
un aroma de castañas asadas,
la imprenta de su mano
sobre la mía
y un defecto genético
en los meñiques.
Me dejó también
un recuerdo,
difuminado apenas
por el paso de los años,
un paseo por la calle Madrid,
partidos de fútbol
en el pasillo de una casa
y su amor por las palabras.
Mi abuelo me dejó,
como quien deja un barco
a punto de naufragar,
como el luchador innato
que deja el pueblo
con ansias de nuevas aventuras.
Y estornudaba cuando le daba el sol,
y doble ración de patatas fritas
en el Plaza.
Se apodaba Francisco,
se llamaba
Libertad.
un aroma de castañas asadas,
la imprenta de su mano
sobre la mía
y un defecto genético
en los meñiques.
Me dejó también
un recuerdo,
difuminado apenas
por el paso de los años,
un paseo por la calle Madrid,
partidos de fútbol
en el pasillo de una casa
y su amor por las palabras.
Mi abuelo me dejó,
como quien deja un barco
a punto de naufragar,
como el luchador innato
que deja el pueblo
con ansias de nuevas aventuras.
Y estornudaba cuando le daba el sol,
y doble ración de patatas fritas
en el Plaza.
Se apodaba Francisco,
se llamaba
Libertad.
miércoles, 7 de julio de 2010
Cuando me Besas
Es otra la hora,
distinta de la que dicta tu reloj,
hora de fiebres y excesos
y amor por el último whisky.
Otras son las sombras que me habitan,
otra la nostalgia
que me empuja a recordarte
más viva que nunca,
golpeando el muro de la memoria,
Berlín,
mil novecientos ochenta y nueve.
Otros son los bares
que me escuchan cuando ya nadie lo hace,
es otro el tiempo
y mi melancolía.
Es otra la vida, y sin embargo
iguales son las calles,
la gente y sus conversaciones,
el puesto de fruta en el mercado
y la soledad.
¿Cómo explicarle
a los científicos de Greenwich
que es otra la hora
cuando me besas?
distinta de la que dicta tu reloj,
hora de fiebres y excesos
y amor por el último whisky.
Otras son las sombras que me habitan,
otra la nostalgia
que me empuja a recordarte
más viva que nunca,
golpeando el muro de la memoria,
Berlín,
mil novecientos ochenta y nueve.
Otros son los bares
que me escuchan cuando ya nadie lo hace,
es otro el tiempo
y mi melancolía.
Es otra la vida, y sin embargo
iguales son las calles,
la gente y sus conversaciones,
el puesto de fruta en el mercado
y la soledad.
¿Cómo explicarle
a los científicos de Greenwich
que es otra la hora
cuando me besas?
jueves, 24 de junio de 2010
V.I.D.A.
Ella mira su reflejo
en el escaparate
y se siente guapa.
Camina con la lentitud
de quien se sabe libre en las calles,
camina con la gravitud
de quien se sabe preso en el alma.
Deja colgar las piernas
al llegar al mismo puente de siempre,
y pasea la mirada
por el horizonte:
raíles, aceras,
la vida.
Abre el bolso
casi con desgana,
saca su cuchilla,
el primer corte,
siempre el más profundo,
la primera lágrima,
siempre la más amarga.
Camina con la lucidez
de quien se sabe a salvo,
camina con la placidez
de quien se sabe vivo.
Ella mira su reflejo
en el espejo del ascensor
y se siente guapa.
en el escaparate
y se siente guapa.
Camina con la lentitud
de quien se sabe libre en las calles,
camina con la gravitud
de quien se sabe preso en el alma.
Deja colgar las piernas
al llegar al mismo puente de siempre,
y pasea la mirada
por el horizonte:
raíles, aceras,
la vida.
Abre el bolso
casi con desgana,
saca su cuchilla,
el primer corte,
siempre el más profundo,
la primera lágrima,
siempre la más amarga.
Camina con la lucidez
de quien se sabe a salvo,
camina con la placidez
de quien se sabe vivo.
Ella mira su reflejo
en el espejo del ascensor
y se siente guapa.
miércoles, 16 de junio de 2010
Sábado Noche.
Llegar diez minutos tarde,
la primera copa, nunca
demasiado cargada y siempre
con Red Bull.
Risas,
música,
des-
ilusión,
des-
esperanza.
La primera gota de lluvia
contra mi abrigo,
el viento en mi cara,
el viaje
en el primer metro,
el último cigarro
antes de entrar en casa,
las primeras líneas
de este poema,
el calendario dicta
que ya es domingo.
la primera copa, nunca
demasiado cargada y siempre
con Red Bull.
Risas,
música,
des-
ilusión,
des-
esperanza.
La primera gota de lluvia
contra mi abrigo,
el viento en mi cara,
el viaje
en el primer metro,
el último cigarro
antes de entrar en casa,
las primeras líneas
de este poema,
el calendario dicta
que ya es domingo.
viernes, 4 de junio de 2010
Una Tarde Cualquiera.
Qué bueno haber coincidido.
Qué tremendamente bueno
que los astros
y Jesús
y Yahvé
y Alá
y todos los ángeles
y demonios del universo
se hayan puesto de acuerdo
y hayan detenido la aleatoriedad del tiempo,
juntándonos como sin querer
en ésta habitación,
ora tan de nadie,
ora tan nuestra.
Porque hoy viniste a visitarme,
me disfracé de ti,
te disfrazaste de mi,
y jugamos sin censura a sabernos vivos,
regalándonos los ojos,
las nostalgias y todas las sonrisas del mundo,
ora tan nuestras,
ora del tiempo.
Qué tremendamente bueno
que los astros
y Jesús
y Yahvé
y Alá
y todos los ángeles
y demonios del universo
se hayan puesto de acuerdo
y hayan detenido la aleatoriedad del tiempo,
juntándonos como sin querer
en ésta habitación,
ora tan de nadie,
ora tan nuestra.
Porque hoy viniste a visitarme,
me disfracé de ti,
te disfrazaste de mi,
y jugamos sin censura a sabernos vivos,
regalándonos los ojos,
las nostalgias y todas las sonrisas del mundo,
ora tan nuestras,
ora del tiempo.
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