viernes, 30 de julio de 2010

A mi Abuelo

Mi abuelo me dejó
un aroma de castañas asadas,
la imprenta de su mano
sobre la mía
y un defecto genético
en los meñiques.
Me dejó también
un recuerdo,
difuminado apenas
por el paso de los años,
un paseo por la calle Madrid,
partidos de fútbol
en el pasillo de una casa
y su amor por las palabras.
Mi abuelo me dejó,
como quien deja un barco
a punto de naufragar,
como el luchador innato
que deja el pueblo
con ansias de nuevas aventuras.
Y estornudaba cuando le daba el sol,
y doble ración de patatas fritas
en el Plaza.
Se apodaba Francisco,
se llamaba
Libertad.

miércoles, 7 de julio de 2010

Cuando me Besas

Es otra la hora,
distinta de la que dicta tu reloj,
hora de fiebres y excesos
y amor por el último whisky.
Otras son las sombras que me habitan,
otra la nostalgia
que me empuja a recordarte
más viva que nunca,
golpeando el muro de la memoria,
Berlín,
mil novecientos ochenta y nueve.
Otros son los bares
que me escuchan cuando ya nadie lo hace,
es otro el tiempo
y mi melancolía.
Es otra la vida, y sin embargo
iguales son las calles,
la gente y sus conversaciones,
el puesto de fruta en el mercado
y la soledad.

¿Cómo explicarle
a los científicos de Greenwich
que es otra la hora
cuando me besas?

jueves, 24 de junio de 2010

V.I.D.A.

Ella mira su reflejo
en el escaparate
y se siente guapa.

Camina con la lentitud
de quien se sabe libre en las calles,
camina con la gravitud
de quien se sabe preso en el alma.
Deja colgar las piernas
al llegar al mismo puente de siempre,
y pasea la mirada
por el horizonte:
raíles, aceras,
la vida.
Abre el bolso
casi con desgana,
saca su cuchilla,
el primer corte,
siempre el más profundo,
la primera lágrima,
siempre la más amarga.
Camina con la lucidez
de quien se sabe a salvo,
camina con la placidez
de quien se sabe vivo.

Ella mira su reflejo
en el espejo del ascensor
y se siente guapa.

miércoles, 16 de junio de 2010

Sábado Noche.

Llegar diez minutos tarde,
la primera copa, nunca
demasiado cargada y siempre
con Red Bull.
Risas,
música,
des-
ilusión,
des-
esperanza.
La primera gota de lluvia
contra mi abrigo,
el viento en mi cara,
el viaje
en el primer metro,
el último cigarro
antes de entrar en casa,
las primeras líneas
de este poema,
el calendario dicta
que ya es domingo.

viernes, 4 de junio de 2010

Una Tarde Cualquiera.

Qué bueno haber coincidido.
Qué tremendamente bueno
que los astros
y Jesús
y Yahvé
y Alá
y todos los ángeles
y demonios del universo
se hayan puesto de acuerdo
y hayan detenido la aleatoriedad del tiempo,
juntándonos como sin querer
en ésta habitación,
ora tan de nadie,
ora tan nuestra.

Porque hoy viniste a visitarme,
me disfracé de ti,
te disfrazaste de mi,
y jugamos sin censura a sabernos vivos,
regalándonos los ojos,
las nostalgias y todas las sonrisas del mundo,
ora tan nuestras,
ora del tiempo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Tánatos.

Suicidarse
puede llegar a resultar
embriagador,
contradictoriamente
erotizando a Tánatos,
en ocasiones
un trabajo grupal
y hasta divertido.
Al fin y al cabo,
nada otorga
mayor libertad a la vida de un hombre
que el poder elegir libremente
cuándo acabar con ella.
Lo peor
es que un segundo antes
de que la guadaña me alcance
me llenaré de ganas
de salir huyendo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

A los que Dañé.

Quizá ya sea tarde para llamarte,
para hablar con la voz de la nostalgia,
para hablar y retroceder los daños,
para encontrarnos con la vida.

Quizá no fuera más
que mi afán de autodestrucción,
mi poco apego
por los calendarios y los espejos
lo que derrumbó los rascacielos
y equivocó los raíles del tren,
aún cuando yo te esperaba
(con los ojos secos, lo sé)
en el mismo andén de siempre,
junto a la tienda de gominolas,
sentado en el banco
de los abrazos infinitos.

No pido mucho, ya ves,
solo que vuelvas,
que inundes de sonrisas y nicotina
las playas de mis párpados,
que compartas a mi lado
lo que me resta de agonía,
que aparezcas de nuevo en el andén
al fin y al cabo
para ver pasar los trenes y los días
como quien mira un avión
que nunca acaba de despegar.
Ayúdame,
por duro y amargo
y egoístay despiadado que parezca ayúdame
a convencer al tiempo
de que antes de matarme él
ya me habré matado yo.