miércoles, 26 de enero de 2011

"Por Beberme hasta las Venas de las Putas"

A veces, simple y llanamente, me olvido. Me olvido de que mi libro está publicado y dando tumbos por España, me olvido de que hay gente con él en las manos, sintiendo, sintiéndome. Quiero aprovechar éste pequeño reducto que forman las tres uves dobles para agradecer a todos los que lo han hecho posible; Irene y sus Lágrimas de Cristal, Marta y sus tantas cosas que le faltaron por enseñarme, Zaida y todo lo que pudo haber sido, Techi incombustible, David y sus esperanzas de que todo ésto se convirtierta en algo más que vómitos, María y su perfección formal y sus "no te rindas", Alex y sus pocos pero siempre reconfortantes abrazos, Marto y sus Versos de Conservatorio, Flora y sus besos de nicotina, Dani y Joshua por haberme aceptado tal y como soy, mi abuela por sus ánimos invencibles, mis padres por haberme dado el don de la competición, mi abuelo por haberme dejado en herencia su querencia por la literatura y la lucha, mi hermano por haberme regalado mil sonrisas y un Romeo, el Colectivo Plenilunio y todo lo que aprendí de vosotros, Juanmi por sus críticas, sus palabras, su "estoy aquí cuando lo necesites", Natalia por lo que significó para mi, por lo que sigue significando, por haberme dado fe y confianza en aquello que hago, todas las princesas de una noche que me quisieron durante un rato, todos los discos, todos los libros y todas las películas que me inspiraron una forma diferente de concebir el arte. Todo ésto es por vosotros, por vosotras y por todos los que me olvido. Porque a veces, simple y llanamente, me olvido.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Efímero poema.

Espero fumando en tu portal,
con la impaciencia del niño que espera
a que su madre vuelva de la compra
con sus galletas preferidas.
El primer abrazo,
que tras su obligatoriedad esconde
la inocencia y la puerilidad
de unas manos que no saben el cómo
pero sí el por qué.
Hablamos,
quizá no con nuestras bocas
pero hablamos,
durante horas nos contamos
qué tal el trabajo y la familia
y sonreímos
y unos dedos juguetones
se entremezclan con el tejido
de tus pantalones vaqueros.
Durante la vuelta
me asombra
lo elegante de la manera
en que me dices que no.
Efímeras sonrisas,
efímera la tarde,
efímero el poema,
efímera la vida.

Al fin y al cabo, ambos sabemos
que acabaremos suicidándonos.

sábado, 16 de octubre de 2010

Verás.

Te miro furtivo,
tratando de buscar a tientas
entre las rendijas de tu pupila
tu alma,
las múltiples corazas que te dejó el desamor,
el desánimo y, quizá
una pizca de ilusión.
Te miro y, en fin,
me miras y me sonríes,
y mi mente reincorpora recuerdos y nostalgias,
los primeros besos
tras el gimnasio del colegio,
la etapa pura y secreta
de la adolescencia.
Te acercas sin prisa,
centímetro a centímetro,
livianamente atravesando las células del tiempo,
y es entonces cuando me invades,
cuando comprendo que es inútil mirarte,
y me muestras desnuda
tu alma y sus misterios
a través de tus manos
cada vez que me abrazas.
Y cuando deshaces la unión
te miro y, en fin,
me miras y me sonríes,
y pido a todas las estrellas fugaces
que de aquí en adelante
el roce de tu piel sea
cada mañana
mi única alarma.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Disociación.

El reloj suele marcar las siete y media
cuando abro las puertas de la unidad.
Recibo la información
y (me) coordino,
(me) preparo,
(me) vigilo con mimo
que cada cual reciba su dosis,
(me) entrevisto,
(me) evalúo, (me) planifico,
(me) diagnostico,
actúo.
(Me) seco lágrimas y fobias,
(me) refuerzo conductas y filias.
(Me) investigo en cada libro
y en cada cara,
(me) analizo gestos, movimientos y ademanes,
(me) escucho asertivamente,
me alío.
Quizá (me) evite algún suicidio,
quizá (me) reconcilie
o (me) confronte delirios.
(Me) aprendo,
(me) reestructuro,
(me) cuido.
Son las tres, finaliza mi jornada.

En mi vida personal ya estoy muerto.

Bienvenido a mi disociación.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

En mi Habitación.

En mi habitación de hotel no existe el tiempo.

Cojo el móvil y te llamo
y al otro lado no está tu voz
sino mi memoria
y mi psique
rota por tu tacón de aguja,
ecolálicamente te digo "te quiero"
y desde ese otro lado
a mil años de distancia
tu voz (mi memoria y mi psique)
me muerde (n),
y mi mejor defensa se convierte
en mi peor ataque,
y ataco las defensas (las propias),
y con las pestañas remando en góndola
cuelgo el móvil (y a tu voz
y a mi memoria y a mi psique)
y ahora
boli en mano
escribo
desde el último rincón de mi arrogancia
para gritar,
en silencio gritar "estoy vivo",
aunque a mi alrededor
todo
se disfrace de muerte.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El Azul de tus Pupilas.

Nadie me prometió
uno solo de tus besos
y sin embargo
aquí me ves,
puerilmente susurrándote al oído
uno más,
sólo uno más,
sálvame
del águila con garras de carbón,
permíteme seguir buscando
entre tu pelo
mi superyó.
Quizá las mariposas no tarden en morir,
me dices,
mientras me derrites azul con tus pupilas.
Quizá, princesa.
Escucho entrecortada tu respiración
que me impera a desdibujarte,
a aprender a desconocerte,
y ahí están,
las mariposas
más vivas que nunca o agonizantes
pero ahí están,
y mientras aumenta mi taquicardia
me comentas que no existen
te quieros ciertos
para aquel que sabe bien
que nada es eterno.
Está bien,
por ésta vez tu ganas,
pero, por favor,
sólo uno más.

viernes, 30 de julio de 2010

A mi Abuelo

Mi abuelo me dejó
un aroma de castañas asadas,
la imprenta de su mano
sobre la mía
y un defecto genético
en los meñiques.
Me dejó también
un recuerdo,
difuminado apenas
por el paso de los años,
un paseo por la calle Madrid,
partidos de fútbol
en el pasillo de una casa
y su amor por las palabras.
Mi abuelo me dejó,
como quien deja un barco
a punto de naufragar,
como el luchador innato
que deja el pueblo
con ansias de nuevas aventuras.
Y estornudaba cuando le daba el sol,
y doble ración de patatas fritas
en el Plaza.
Se apodaba Francisco,
se llamaba
Libertad.